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Josep M. Lozano

josepm.lozano@esade.edu
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Fax: +34 932 048 105
Av.Pedralbes, 60-62
E-08034 Barcelona


Twitter - Josep M. Lozano

 

Persona, Empresa y Sociedad
El blog de Josep M. Lozano  
   
Author: Josep M. Lozano Created: 16/10/2008 11:45
Persona, Empresa y Sociedad - el blog de Josep Maria Lozano

El día que nos miremos con una cierta perspectiva el camino recorrido bajo el paraguas de la RSE veremos con admiración los cambios que ha producido en el ámbito de la gestión. Cambios de todo tipo y que, pocos años atrás, nos hubieran parecido impensables. Cambios que nadie da por concluidos, al contrario: son cambios que fundamentalmente muestran el camino que todavía queda por recorrer.

El camino ha sido tan intenso, y sus exigencia a menudo tan acuciantes que me temo que, lentamente, hemos ido olvidando algo muy importante. La RSE ha sido desde los orígenes una indagación en busca de un modelo de gestión diferente, sin duda. Pero ha sido también algo más. Y ese algo más me atrevo a formularlo parafraseando el título del libro de Viktor Frankl: la empresa en busca de sentido. Los que hayan leído a fondo el libro lamentarán lo que parece una banalización por mi parte. Pido excusas por ello, aunque podría argüir que últimamente, por desgracia, a Frankl ya se lo está utilizando tanto para un fregado sermoneador como para un barrido de coaching. Pero banal o no, mi comentario pretende subrayar provocativamente algo que poco a poco se está desvaneciendo. Más allá de la RSE latía la pregunta y el compromiso por un modelo de empresa que tuviera sentido. Un modelo de empresa que, tras la època de la apoteosis del todo vale apostaba por determinadas prioridades y preferencias y, por consiguiente, excluía a otras. Un modelo de empresa consciente de que las personas no vivimos en un mercado, sino en una sociedad. Y que la vida social no requiere tan sólo crear instituciones y organizaciones, sino construir sentido para quienes vivimos y actuamos en ellas. La RSE apareció como una posibilidad de canalizar una cierta calidad humana en las organizaciones frente a determinadas prácticas organizativas, frente a ciertos modelos de gestión y frente a unas cuantas actuaciones empresariales que no producen tan solo pésimas consecuencias, sino que son también en si mismas tóxicas y destructoras de sentido. Y por eso reducir a la RSE a un simple modelo de gestión es devolverla a un marco convencional, y recuperarla al servicio de la razón instrumental.

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El debate sobre la formación de directivos y, especialmente, sobre la formación de los MBAs ya hace meses que se arrastra. Pasó a primer plano, como era razonable, cuando la gente se preguntó sobre la formación que habían recibido los genios que habían conseguido bonus cada vez mayores a base de hundir empresas y de poner el sistema financiero en un paso del precipicio. Ahora, ya pasado el susto, muchos vuelven rápidamente a las mismas prácticas y maneras de proceder, quizás porque creen que no era para tanto; quizás porque han aprendido que, si la hacen muy gorda, nadie estará dispuesto a dejar que todo se hunda; quizás porque creen que no hay alternativa creíble, ni desde el punto de vista de los valores, ni desde el punto de vista institucional y organizativo, ni desde el punto de vista de las maneras de proceder y, por lo tanto, se trata de volver a ocupar el territorio perdido. Es lo que propongo denominar el síndrome de Sansón: a semejanza de la historia bíblica, hay posiciones tan aferradas a las columnas que sostienen el edificio económico y social que, si las sacuden, el edificio se hunde completamente (y por eso hemos acabando creyendo que hemos de soportar a las personas que las ocupan como un mal menor). Incluso pueden no tener escrúpulos, y hacer que el edificio caiga sobre ellos mismos -y sobre todo el mundo- antes que cambiar de posición y de maneras de proceder. Por lo tanto, quizás convendría modficar el registro y empezar a centrar el debate en la estructura del edificio, y no en quien tiene que ocupar el lugar de Sansón.

La crisis de los últimos años ha provocado un cierto debate sobre la formación que reciben los directivos. Ni qué decir tiene que el remedio...

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¿... cuál es la pregunta?

(Algunos retos actuales del Estado del Bienestar)

La situación actual del Estado del Bienestar (EB) es objeto de las más diversas aproximaciones. Pero casi todas ellas llevan adherida la palabra "crisis". En una especie de reflejo pavloviano, cualquier referencia a la expresión Estado del Bienestar dispara reacciones de este cariz, en cualquiera de sus variables: viabilidad, supervivencia, amenazas, limitaciones... Quisiera poner de relieve algunos rasgos que modelan esta situación y que me parecen bastante relevantes. Rasgos que parten de una hipótesis que es al mismo tiempo un diagnóstico: si nos preguntamos sólo por la viabilidad económico-financiera del EB no resolveremos bien ni su viabilidad económico-financiera. Lo que no significa despreciar los retos de carácter económico que vierten graves interrogantes sobre el futuro del EB, en absoluto. Pero sí que quiere decir que hay que atender a otros elementos, y que hay que abordarlos si queremos tener recursos (y no sólo económicos) para afrontar la nueva situación. El EB no es un problema, pero tenemos problemas con el EB. Sin embargo, si no los resolvemos, sí que el EB acabará siendo un problema. Los rasgos que quiero destacar afectan en lo que calificaría como las condiciones de posibilidad del EB. Condiciones de posibilidad presentes en su nacimiento y en su época dorada. Condiciones de posibilidad que no hay que dar por supuestas y que, caso que hoy no se dieran, sería necesario afrontar explícitamente.

Dos condiciones de posibilidad políticas



El EB se desarrolla y se consolida sostenido e impulsado por un discurso político con un fuerte contenido ideológico y denso en valores. No hay que remontarse a la clásica pareja Bismarck - Beveridge, y basta con pensar en lo que, hasta poco más allá de la primera mitad del siglo XX se denominó el pacto social-cristiano....

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Con Àngel Castiñeira hemos realizado nuestra sesión sobre Dirección y valores en el Programa para empresas cooperativas de ESADE. Trabajar con directivos de empresas cooperativas siempre es una experiencia muy interesante y enriquecedora, tanto por la pasión y el compromiso con los que viven su trabajo como por el estímulo que representa ver que hay gente para quien el éxito empresarial es indisociable de la búsqueda de formas organizativas y de gestión que no se mueven dentro de los parámetros convencionales. En los diálogos emergieron cuestiones de mucho interés. Cuestiones relativas a la situación, las dificultades y las problemáticas de estas empresas. Pero también fue muy significativo constatar que lo que las caracteriza a menudo no es tanto el tipo de retos que afrontan, sino la voluntad de afrontarlos desde la especificidad de sus valores y de su identidad. Y eso a veces puede parecer que complica más las cosas, pero a veces permite constatar con satisfacción que este modelo de empresa permite afrontar las crisis de manera diferente, y que eso hace que puedan sobrevivir mejor precisamente gracias al hecho de que las enfocan de manera solidaria, y no a pesar de la solidaridad, como piensan los que creen que la solidaridad es incompatible con la lógica del mercado.

Dialogamos sobre muchas cosas. Entre ellas, sobre el hecho de que en el mundo empresarial se puede hablar de valores de manera reactiva (ante presiones o conflictos que ponen de relieve su necesidad); por conveniencia (porque incorporarlos permite funcionar mejor y lubrifica las relaciones empresariales); o por convicción... o por una mezcla de los tres componentes. Ni qué decir tiene que para los participantes las convicciones eran muy importantes, donde se jugaba la razón de ser de sus empresas y su identidad personal, profesional y organizativa. Y, a caballo entre este tipo de cuestiones,...

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Es un comentario clásico cuando se produce algún escándalo en la gestión de una organización el de reaccionar diciendo que en todas partes hay sinvergüenzas, que se van a tomar medidas pero que resulta muy difícil poder evitar que haya alguien que abuse, que vivimos inmersos en una crisis de valores, que parece mentira que la gente haga estas cosas y bla, bla, bla…

No niego que esto sea a menudo verdad. Pero incluso en los casos en los que es verdad, no es toda la verdad. Entre otras razones porque muy habitualmente, en los procesos de (auto)justificación en las organizaciones, se utilizan las explicaciones y las constataciones como coartadas. Y aquí es donde campa por sus respetos lo que yo denomino la falacia de la manzana podrida. Ya se sabe, en todas partes hay manzanas podridas, y esto es algo casi imposible de evitar.

Francisco Longo, en uno de sus excelentes artículos (No tocar lo que es de todos), plantea en otro registro la misma cuestión. Dice Longo: "Personalmente, estoy convencido de que la gran mayoría de los casos de corrupción no son imputables a individuos que hayan llegado a la política o al servicio público con un propósito previo o deliberado de enriquecerse. Se trata más bien de personas cuyos procesos de socialización, tras acceder al interior del ecosistema institucional político-administrativo y familiarizarse con sus rutinas y pautas de funcionamiento, les indujeron a creer que podían disponer como propios de recursos que son de todos, y así fueron recorriendo, paso a paso, todo ese continuo de prácticas de gravedad creciente". Lo que plantea Longo vale, creo yo, para todo tipo de organizaciones. Porque la falacia de la manzana podrida reduce a lo individual dinamismos y patrones culturales que no son sólo personales, y nos evita la reflexión sobre los marcos organizativos que los hacen posibles. Claro que hay sinvergüenzas, pero...

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...que me dedico a la publicidad, ella piensa que soy pianista en un burdel". Recordé este provocativo título de un libro de Jacques Séguéla hace unos días, después de una reunión, con la pequeña variación que, después de la reunión pensé que había que sustituir "publicidad" por "política".

La reunión reunió a una veintena de personas de entre 30 y 40 años, que se dedican convencidamente y comprometidamente a la política (algunas, a tiempo completo) que tienen diversas responsabilidades políticas de segundo nivel y, por lo tanto, no frecuentan los medios de comunicación. Su militancia cubría prácticamente todo el arco parlamentario. Las habíamos convocado en ESADE para compartir una reflexión a corazón abierto sobre cómo ven y viven el clima social que se está consolidando con relación a la política y que hemos calificado -no sé si acertadamente- como "desafección".

Se habló con sinceridad y valentía, y se constataron sintonías más allá de la diversidad de opciones. De hecho, salí con la sensación de que, si no hubiera sabido cuál era la militancia política de cada participante, no lo hubiera podido adivinar por el contenido de sus intervenciones. De la reunión me impresionaron diversas cosas, y ahora quisiera destacar dos.

En primer lugar, tengo la impresión de que estamos entrando en una nueva forma de clandestinidad política, estamos consolidando un nuevo tabú. Los que se dedican a la política se están convirtiendo en una modalidad de apestados o proscritos. Y el compromiso político está siguiendo culturalmente los pasos de la religión, y se está -paradójicamente- privatizando. Fue muy compartida la constatación por parte de todos ellos de que cada vez hablan menos de política en sus entornos personales y profesionales. A nadie le gusta ser siempre el chivo expiatorio y llevarse todos los palos. Porque cuando dicen que se dedican a la política la...

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[[Éste es un artículo publicado en La Vanguardia conjuntamente con Àngel Castiñeira. A los lectores no catalanes podría ser que el nombre de Jaume Vicens Vives les resultara ajeno. Pero su trayectoria responde a una cuestión universal aunque, como todo lo universal, hunda sus raíces en una problemática local y nacional. Vicens Vives es un caso ejemplar de respuesta a un reto que hoy comparten muchos países: ante una situación de crisis o de deficiencias colectivas resulta imprescindible no perder de vista la visión a largo plazo y trabajar al servicio de una necesidad fundamental. La necesidad de educar a las nuevas generaciones –a los líderes del futuro- en una actitud de compromiso y de transversalidad, de manera que la diversidad de opciones ideológicas y profesionales se sostengan sobre una complicidad básica de servicio a la sociedad, sin que dicha diversidad se sitúe al margen del marco de referencia fundamental que todos deberían compartir]].

El próximo año se cumplirá el centenario del nacimiento de Jaume Vicens Vives. En su corta vida, Vicens destacó como académico e historiador, pero muchos todavía lo recuerdan por algo más. Por contribuir a definir una tarea cívica y política para su generación y diagnosticar correctamente el difícil momento que les tocó vivir. Pero también por atreverse a ir más allá, asumiendo un compromiso formativo con la siguiente generación, traspasando la antorcha de la tarea incompleta y la esperanza no ilusa en un futuro posible y promoviendo un espíritu constructivo no basado en el rencor ni en la venganza.

Vicens Vives comprendió con plena clarividencia que, tras el franquismo, el futuro del catalanismo dependería de la forja de unos nuevos líderes caracterizados por su alta preparación, su calidad humana y su voluntad de compromiso cívico y de servicio a la comunidad. En Notícia de Catalunya (1954) lo expresa...

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El nuevo anuario Compromiso RSE ha publicado en su primera edición una lista de lo que denomina "acontecimientos del año" en RSE. Es bastante conocida -y perfectamente descriptible- mi nula simpatía por los rankings de todo tipo, por razones de método, de credibilidad y de relevancia. Y, a pesar de todo, los sigo leyendo con un mínimo interés. Porque tengo que aceptar que, una vez instalado en el escepticismo militante, no dejo de reconocer que tienen una función sintomática. Precisamente porque leo los rankings desde la incredulidad, no dejo nunca de preguntarme qué signfica que ofrezcan un resultado y no otro (aunque a veces el resultado no haga otra cosa que multiplicar mi incredulidad).

Pues bien: según el ranking al que me refiero (que es el resultado de un cuestionario enviado a los 42 miembros del consejo asesor de la publicación), las cinco noticias más relevantes del 2009 en lo que corresponde la RSE son las siguientes:

1. La administración Obama rompe con los años de la negación del cambio climático. 2. Celebrada la reunión constitutiva del Consejo Estatal de RSE. 3. El parlamento danés vuelve obligatorios los informes de RSE. 4. Cincuenta compañías de inversión instan a la SEC a obligar a las cotizadas a elaborar informes de RSE. 5. La Generalitat de Catalunya aprueba un plan para fomentar la RSE entre empresas y Administración.

Me parece realmente muy sintomático de que todas ellas traten de decisiones de los poderes públicos con relación a la RSE, y que dos de ellas traten de hacer obligatorios los informes de RSE. Alguna cosa debe flotar en la atmósfera para que el listado tenga este sesgo tan patente y potente.

Con todas las reservas que sean necesarias, en los inicios del...

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Con Àngel Castiñeira hemos publicado en el diario AVUI el artículo Pujol, líder, que reproduzco a continuación traducido al castellano.

En febrero de 2009 apareció el libro L’home, l’amic, el president. Homenatge a Jordi Pujol, una miscelánea que recoge la memoria viva de 58 personas que lo han tratado y que aportan un testimonio extraordinario de su actuación cívica y política. A partir de su lectura hemos identificado siete dimensiones relacionadas con el liderazgo de Jordi Pujol. Estas dimensiones tienen que ver con: 1. Rasgos de carácter y competencias; 2. Valores y actitudes; 3. Convicciones; 4. Conocimientos, ideas y visión; 5. Relación interpersonal; 6. Orientación a la acción; y 7. Principales limitaciones. Cada una de estas dimensiones incluyen múltiples aspectos que ayudan a modular la figura poliédrica de quien fue durante 23 años Presidente de la Generalitat.

Entre los rasgos de carácter y competencias destacan un conjunto de cualidades naturales (como la simpatía o la espontaneidad), una gran capacidad intelectual, la autenticidad, la ambición y la seguridad y fortaleza personal.

En el terreno de sus valores y actitudes encontramos tres fuentes principales: la vivencia de los valores procedentes del humanismo cristiano; valores morales; y una lista de valores políticos: el sentimiento patriótico, el compromiso de servicio, el sentido del deber, de la responsabilidad y del honor y una alta sensibilidad social.

Jordi Pujol ha sido también un líder de convicciones profundas. Destacan las convicciones ideológicas: un nacionalismo integrador y socialmente abierto; las convicciones religiosas, derivadas de su fe cristiana; y sus referencias...

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Dicen que cada uno es más hijo de su época que de sus padres. Quizá por eso me vienen a veces a la memoria voces e imágenes que se diría que emergen desde recónditos pliegues biográficos. Y me veo en el colegio aprendiendo de memoria los versos de Campoamor, "en este mundo traidor / nada es verdad ni es mentira. / Todo es según el color / del cristal con que se mira". Con el paso de los años, en algún momento me pregunté si no sería Campoamor un ripioso precursor de la postmodernidad. Pero, vistas las postmoderneces que gastan algunos, ni a vulgares campoamores de bolsillo llegan. Quizá por eso un día comprendí que con Campoamor me había equivocado de enfoque. Porque su aparente trivialidad esconde una interpelación crucial, irrebasable. Hombre, Campoamor: que en función del cristal con el que miramos el mundo se nos colorea de una manera u otra, eso ya la sabemos. La pregunta que no podemos dejar de responder, porque nadie la contestarà en nuestro lugar, es la pregunta por el color de las gafas que hemos elegido para ver nuestra realidad. La pregunta sobre el color de lo que vemos es secundaria: la primaria es la pregunta sobre el color de los cristales que hemos decidido ponernos (o hemos aceptado pasivamente) para mirar el mundo. Por eso Mario Benedetti, corrigió a Campoamor: "todo es según el dolor con que se mira". Yo tenía un colega en ESADE (Sam Husenman, que lamentablemente ya murió) que era un tipo genial, provocativo, inclasificable, que siempre –especialmente cuando me veía caminar acelerado por el pasillo- me paraba con alguna pregunta que me descolocaba. Pero un día me paró para hacerme una confesión: "he de decirte que no he empezado a entender un poco todas esas cosas incomprensibles de la ética que explicas hasta que me he aficionado a la pintura, porque para poder empezar a pintar antes he de tomar una decisión fundamental: he de escoger el...

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