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Josep M. Lozano

josepm.lozano@esade.edu
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E-08034 Barcelona


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Persona, Empresa y Sociedad
El blog de Josep M. Lozano  
   
Author: Josep M. Lozano Created: 16/10/2008 11:45
Persona, Empresa y Sociedad - el blog de Josep Maria Lozano

En mis dos anteriores comentarios señalaba algunas de las contribuciones que, en mi opinión, la CV hace al debate sobre la empresa. Básicamente ponía de relieve la interpelación que supone la llamada a nuevos modos de entender la empresa, la invitación a expresar claramente preferencias entre diversos modelos de empresa posibles, y la insistencia en tener el bien común como marco de referencia. También apuntaba que la CV realizaba una aproximación pobre y limitada a la RSE. En esta nota voy a subrayar que como la CV toma nota, de manera desigual, del nuevo contexto económico y social, y como esta constatación debería hacer replantear mucho más a fondo alguno de sus planteamientos más generalistas, porque en su discurso parece dar por supuesto que sobreviven sin problemas sea cual sea el contexto en el que presenten. Y dejo para una entrada posterior algunas notas sobre las limitaciones –algunas de notable calibre- que me parece que arrastra la CV.

3. La empresa y el bien común en un contexto de globalización.

La referencia de la CV para valorar a la empresa y a las prácticas empresariales es, ya lo hemos dicho, el bien común. Pero esta referencia, constante en la historia de la DS, requiere una revisión sustantiva en el contexto actual. Lo curioso es que la CV es consciente del impacto que supone en todos los sentidos el contexto actual, pero sin llegar a explorar a fondo las consecuencias que esto tiene para su propio discurso.

Efectivamente, la CV plantea con toda claridad el reto del bien común, y lo hace en el contexto de la realidad actual, que tiene como referencia la globalización. Pero, en contra de lo que parece suponer la CV, afirmar la referencia al bien común no siempre arrastra de manera obvia su significado. Hablar de bien común requiere siempre aclararse sobre sus dos componentes: cuál es la comunidad del bien, y cuál es el bien...

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En mi anterior entrada exploraba algunos elementos de la CV que podían ser un espacio de diálogo para el club de la RSE. Y ponía énfasis en la preeminencia del bien común, en la necesidad de cambios profundos en la manera de entender la empresa y en la afirmación que pensar bien la empresa solo es posible si se ésta se piensa en todas sus dimensiones (incluyendo las éticas y sociales. Esto nos lleva a la segunda cuestión que suscita la CV: pensar la empresa incluye arriesgarse a decir por qué modelo de empresa apostamos

2. ¿Por qué empresa apostamos?

La ya citada apelación a impulsar cambios profundos en el modo de entender la empresa se vinculan en la CV a una visión más compleja y diversa sobre los modelos de empresa posibles. De modo que podríamos decir que la CV nos conduce a hablar menos de la empresa en abstracto y a centrar nuestra atención en las empresas, en plural y más en lo concreto. Hay que empezar a asumir que, en nuestras sociedades complejas, hablar de la empresa en abstracto cada vez aclara menos cosas… y que hablar de –o defender a- la empresa en abstracto cada vez más es una coartada para no tener definirse sobre prácticas y modelos concretos de empresa.

Esta aproximación conduce a la CV a unos equilibrios, no siempre bien resueltos a mi parecer, en los planteamientos de la CV: por una parte, la constatación de una mayor pluralidad de tipos de empresa; por otra, la afirmación –o la conveniencia- de dicha pluralidad; y, como consecuencia de lo anterior, la preferencia por algunos tipos de empresa. Claro que tampoco hay que pedirle a una encíclica que resuelva todo lo que plantea, pero esta tensión entre constatar, valorar y preferir (sin confundir los verbos entre si, pero sin renunciar a ninguno de ellos) es una buena muestra de lo que hoy es necesario cuando se trata de pensar la empresa… y de debatir sobre ella. Y, aunque...

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Ya han pasado algunos meses desde la publicación de la última encíclica, Caritas in Veritate (CV). Vaya por delante que considero a la CV un texto muy relevante, que aporta novedades importantes en el desarrollo de la Doctrina Social Pontificia (DS), y que lamento que no se le haya prestado suficiente atención o que –lisa y llanamente- haya sido ninguneado por la opinión pública, y también en el club de la RSE (con honrosas excepciones, como la de Antonio Vives). La CV plantea una serie de cuestiones que no puede soslayar nadie que se preocupe mínimamente por la realidad económica y social de nuestro mundo. Y, al mismo tiempo, considero que ella misma se sitúa ante unos interrogantes que no siempre me parece que resuelva suficientemente. En esta entrada y algunas más voy a anotar algunos de los puntos que me parecen más significativos en relación con el tema de las nuevas responsabilidades de la empresa y que creo que vale la pena tomar en consideración sea cual sea la identificación religiosa que cada uno pueda tener.

1. La preeminencia del bien común.

Hay una clave de lectura muy importante para el tema que nos ocupa que es la afirmación de que se requieren "cambios profundos en el modo de entender la empresa" (CV, 40; cursiva en el original). Esto supone un cambio de tendencia muy significativo en el abordaje de la empresa por parte de la DS, que ya se inició en su día con la idea de la empresa como comunidad de personas (aunque esta es una formulación todavía cautiva de lo que más adelante denominaré el déficit por abstracción). Es un cambio de calado porque apunta a la voluntad de pensar directamente sobre la empresa como tal.

Por usar una distinción convencional, la DS siempre se ha sentido más cómoda hablando del nivel macro (los sistemas económicos y sociales) y del nivel micro (la persona) desde una clave fundamentalmente...

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Con Àngel Castiñeira y Raimon Ribera hemos publicado este artículo en la revista VIA. Bajo la forma concisa de 22 tesis hemos querido proponer una aproximación al compromiso, una cuestión que nos preocupa y que consideramos que hoy es un reto cultural de primera magnitud. Quizás las formulaciones pueden parecer en algún momento excesivamente abstractas, pero es un material pensado con pretensión práctica y que ha acompañado el trabajo que hemos llevado ha cabo en ámbitos como, por ejemplo, el Programa Vicens Vives.

1. El compromiso es el fruto de una decisión personal, es decir, de una elección consciente de la voluntad, tomada en un marco de libertad y basada en convicciones arraigadas.

2. A diferencia de las decisiones inmediatas que tomamos de forma cotidiana, esta decisión es "intencional". Es decir, genera en la persona la intención de mantener o prolongar en el tiempo la obligatoriedad autoimpuesta de realizar una acción o un conjunto de acciones. Esta intención puede ser íntima (se hace un propósito, una promesa) o bien públicamente manifiesta (uno da la palabra, se com-promete). Dar la palabra es establecer vínculos: nos vinculan las palabras que damos y los actos que compartimos.

3. Se trata de una decisión que, asumida en el presente (me comprometo a partir de ahora), condicionará, consumirá y nos complicará parte de nuestro tiempo futuro (afectará a mi mañana). Es, por lo tanto, una opción libre pero que, una vez tomada, limitará o impedirá de manera significativa la realización de otras de nuestras posibles oportunidades vitales. Por eso, a menudo, nos hace miedo asumir compromisos, porque la aceptación de un compromiso es también la aceptación de una renuncia.

4. El compromiso nos potencia como personas porque hace añicos nuestra fantasía de omnipotencia. El poeta dice que tot està per fer i tot és possible...

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El Observatorio de los Valores, creado por la Fundación Lluís Carulla y la Cátedra de LiderazgoS de ESADE, acaba de publicar el libro Consumo y valores cuya autora es la doctora L. Albareda. La importancia del consumo en la configuración de los valores de las sociedades contemporáneas ha sido puesta de relieve también recientemente por pensadores como Gilles Lipovetsky (La felicidad paradójica. Ensayo sobre la sociedad del hiperconsumo, 2007) y Zygmunt Bauman que le ha dedicado al tema dos libros recientes (Vida de consumo, 2007; y Mundo consumo, 2010). No es una casualidad. Sin ningún tipo de duda, el consumo ocupa hoy el centro de la organización económica, política y cultural de nuestra sociedad. Hace tiempo que ha dejado de ser un mero instrumento al servicio de nuestra supervivencia material o biológica para convertirse en uno de los factores principales (tal vez el que más) que determina la construcción de las identidades personales, de los estilos de vida, de nuestras formas de pensar y sentir, de las relaciones humanas y de nuestros valores.

Nos guste o no, el capitalismo de consumo ha sustituído a la economía de producción y de trabajo y sus valores. Buena parte de los jóvenes que acceden al mundo laboral hoy ya no identifican el trabajo como el espacio principal de realización personal y profesional, sino simplemente como el instrumento que les facilitará el acceso al dinero y, con éste, al consumo. Para muchos de ellos asociar trabajo con identidad personal y proyecto de vida (aunque sea como posibilidad o como sueño) se ha convertido en algo literalmente im-pensable e in-creible. La relación (o prelación) trabajo-ocio-consumo que habíamos heredado de la sociedad industrial ha saltado por los aires. Tiene poco sentido que las empresas se lamenten de este cambio, ya que han sido y son ellas las que por diversos medios...

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He podido participar en la Conferencia Europea de RSE de la Presidencia Española de la Unión Europea que tuvo lugar en Palma de Mallorca los pasados días 25 y 26 de marzo. A grandes rasgos, no se puede decir que la conferencia haya generado grandes novedades. Pero este tipo de liturgias raras veces lo permiten, por su misma dinámica y por su estructura, a no ser que estén cocinadas de antemano. En cambio, permiten tomar el pulso a lo que circula por debajo de los formatos establecidos y otear por dónde pueden ir algunas tendencias. Mi percepción en estos momentos es que se va avanzando –en parte como resultado de la inercia de los últimos años- y no que dejan de alzarse voces que afirman una voluntad de querer seguir avanzando. Pero – y esta es la cuestión- las mismas voces transmiten la sensación de que querer no siempre es poder… con lo que existe el riesgo, a medio plazo, que este clima desemboque lisa y llanamente en un no querer, como consecuencia de la reiterada constatación del no poder.

Visualitza la imatge a mida completaComo estuve directamente involucrado en el grupo de trabajo que trataba sobre el Informe de RSE, creo que algunos de los temas reiterados en dicho grupo son un excelente reflejo de este clima general.

No nos engañemos: cada vez más la cuestión de los informes de RSE se plantea sobre la pregunta por el grado de obligatoriedad y regulación que debieran tener. Y en este punto las tendencias que reflejaron los debates resultan muy significativas. Quisiera resaltar algunas de ellas, al menos las que a mi me parecieron más relevantes, y que en mi opinión deberían marcar las tendencias del futuro inmediato.

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Este es un artículo que hemos publicado con Àngel Castiñeira en el diario AVUI. Como el artículo es un comentario a un anuncio que hizo el grupo DAMM, que se ha reproducido en todas las televisiones catalanas, quien no conozca dicho anuncio, aquí lo tiene.

Se ha dicho que en los medios de comunicación las buenas noticias son los anuncios. Una de las buenas noticias de los últimos tiempos ha sido el anuncio que, a caballo de la temporada triunfal del Barça, ha hecho la Damm (¿verdad que nos permiten ahorrarnos aquello tan ridículo de "una conocida marca de cerveza"?). Ha sido uno de los pocos mensajes positivos y propositivos que, en términos de valores, se han divulgado en nuestro país en los últimos meses. Pero también ha sido una iniciativa sorprendente. Sorprendente por el formato, y sorprendente por quién lo propone. Si partimos del supuesto de que a quien corresponde transmitir valores es a las familias, la escuela, las iglesias o los políticos, la cosa chirría. ¿Qué hace una empresa, aquí en medio? Seguro que responde a una estrategia diferenciada de márketing y comunicación, y es una prueba de ello que hayamos caído en la trampa de hacer este artículo. De acuerdo, es publicidad... ¿pero que lo sea lo desacredita? En cualquier caso, representa un cierto punto de inflexión: hasta ahora cuando las empresas hablaban de valores lo hacían proclamando sus propios –y supuestos- valores de empresa. En este caso nos encontramos con una narración trufada de valores dirigida a la audiencia, y se supone que preferentemente a los jóvenes, dónde se propone un marco de referencia para ser compartido colectivamente y que tiene como eje conductor el trabajo bien hecho. Es curiosa la transmutación que se está produciendo: cuando iglesias y partidos se acercan a la publicidad para venderse y vender oscilan entre parecer poco creíbles o parecer que trivialitzen...

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Nuestra aventura moderna ha significado desafiar a la autoridad, una lucha enorme y fabulosa por la liberación individual de la que podemos estar realmente orgullosos. Pero esa ampliación de la libertad en todos los órdenes no ha significado, sin embargo, la emancipación moral de los individuos, sino que en mucho casos ha desembocado en versiones incívicas. Sin duda, hoy somos más libres, pero no hay razón para creer que somos mejores. Javier Gomá se refiere en su reciente libro Ejemplaridad pública a la barbarie de ciudadanos liberados pero no emancipados, instintivamente autoafirmados pero desinhibidos de todo deber. Ulrich Beck los denominó anteriormente (2002) "desincrustados" de los tradicionales vínculos sociales y de sus valores e incapaces de reincrustarse a otros nuevos.

Comenzamos, pues, la segunda década del siglo XXI siendo conscientes de ese peligro. El yo moderno ya no se deja acomodar socialmente y eso puede convertir fácilmente la individualización en individualismo, o la subjetividad en subjetivismo de masas (todos idénticos en la pretensión de ser únicos). Algo muy exaltado en el arte y también en la pedagogía contracultural de no hace muchos años fue la defensa de la libertad sin límites, de la originalidad, la espontaneidad, la rebeldía, la no represión de los deseos, la afloración de lo instintivo. Ahora estamos recogiendo las consecuencias y las sentimos en forma de descontento moral y cultural.

Civilizar y resocializar la subjetividad moderna no es tarea fácil. Intentar hacerlo sin apelar básicamente a formas represivas o coactivas lo es todavía más. Que se lo digan hoy a padres y docentes… No parece haber una tercera vía posible entre, por un lado, la idea de una civilización inevitablemente limitadora del yo y, por otro, una emancipación subjetiva que derive hacia la vulgaridad y la barbarie.

Sin embargo, el mérito...

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En mi anterior entrada, a propósito de la creciente cuota de mercado que "lo oriental" está ganando en los contextos organizativos, me preguntaba hasta qué punto predominaba en esta diseminación un cierto enfoque meramente instrumental, a rebufo de gurus del más variado pelaje que exhiben como trofeos a los famosos que frecuentan sus enseñanzas. Pero no nos engañemos: esto es sólo la anécdota. Y más allá de la anécdota está el síntoma: ¿qué problemas y deficiencias –explícitos o latentes- están llegando a un punto de no retorno que hace que desde el guru más mediático hasta el último coach encuentren demanda? Y más allá del síntoma está la cuestión de fondo que allí planteaba: si estamos viviendo un cambio de época y si pregonamos que estamos en la sociedad del conocimiento, ¿las tradiciones de sabiduría, elaboradas y refinadas trabajosamente por la humanidad a lo largo de su historia, pueden aportar algo a los procesos de cambio y a la creación y difusión de conocimiento? Entre otras razones porque, ya puestos a hablar de cambio, convendría diagnosticar con precisión qué es lo que está cambiando realmente. Y, ya puestos a hablar de conocimiento, convendría explorar qué tipo de conocimiento reconocemos como tal y qué tipo de conocimiento excluimos de nuestra atención. Porque quizás en este ámbito nos volvemos a dar de bruces con el viejo Machado, y hemos de reconocer que empieza a ser de buen tono exhibir desprecio ante todo lo que se ignora.

De todas formas, cuando algo así ocurre no es ni por casualidad ni por mala fe. La inercia hace que fácilmente identifiquemos, confundamos y reduzcamos a las tradiciones de sabiduría espiritual a las formas e instituciones religiosas que les han dado cuerpo. Y la memoria histórica –más allá de los círculos de convencidos e incluso dentro de ellos- no las deja últimamente precisamente en buen lugar. Buena muestra de ello...

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En los contextos actuales, en los que la aceleración, el ruido y la presión ya forman parte de los ecosistemas organizativos resulta ya no sólo chocante, sino directamente perturbador preguntar si las tradiciones de sabiduría, elaboradas y afinadas trabajosamente por la humanidad a lo largo de su historia, pueden aportar algo. Hoy ya no es suficiente pregonar que estamos (¿estamos?) en la sociedad del conocimiento. Lo que convendría es explorar qué tipo de conocimiento reconocemos como tal y qué tipo de conocimiento excluimos de nuestra consideración y dejamos fuera de nuestro campo de atención. Y, puestos a hablar de conocimiento, cabe preguntarse por el que nos aportan las diversas tradiciones de sabiduría. Desde mi limitada experiencia, a esta pregunta, desde los ámbitos empresariales, se le dan fundamentalmente dos tipos de respuesta: la instrumentalización y el desprecio.

Ya hace unos cuantos años que la incorporación de prácticas y maneras de proceder de tradiciones que nosotros catalogamos como "orientales" es una tendencia en aumento. Muchas personas encuentran en ellas un camino hacia un mayor equilibrio, una mayor concentración, una mayor atención ante su realidad. Incluso un mayor bienestar. Una entrevista reciente, una más entre las que se van prodigando y repitiendo, lo repetía y lo confirmaba. Van goteando continuamente las informaciones de que personas con responsabilidades de alto nivel y mucho poder en sus manos confiesan haber alcanzado, gracias a estas "técnicas" (sic) mayor equilibrio, concentración y capacidad de decisión… aunque, cuando leo estas confesiones en boca de según quien o referidas a determinados personajes, nunca alcanzo a aclarar si se trata de una descripción o de una amenaza.

Pero hay una cuestión que aparece poco, cuando se hace la apología de "lo oriental" (y no digamos ya de "lo espiritual") en el trabajo. Y esta...

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