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Josep M. Lozano

josepm.lozano@esade.edu
Tel: +34 932 806 162
Ext. 2270

Fax: +34 932 048 105
Av.Pedralbes, 60-62
E-08034 Barcelona


Twitter - Josep M. Lozano

 

Persona, Empresa y Sociedad
El blog de Josep M. Lozano  
   
Author: Josep M. Lozano Created: 16/10/2008 11:45
Persona, Empresa y Sociedad - el blog de Josep Maria Lozano

 



Desde hace un cierto tiempo se insiste, cada vez más, en que los alumnos, especialmente en la universidad, deben ser considerados clientes. ¿Tiene sentido esta insistencia? ¿Deberíamos redefinir a las instituciones educativas como empresas proveedoras de servicios educativos?

El énfasis en el enfoque cliente tiene su razón de ser. A veces la enseñanza ha estado tan centrada en el profesor que ha hecho olvidar algo tan fundamental como que lo que importa no es que alguien enseñe, sino que alguien aprenda. A veces se ha reducido al estudiante a ser un receptáculo de contenidos hasta el punto que se ha olvidado que aprender es algo que involucra a la persona en su totalidad, y no sólo algunos aspectos cognitivos. En definitiva, a veces se ha confundido el objeto de la educación con el sujeto de la educación, sin prestar atención a éste último. De la misma manera que se dice –y se critica- que hay médicos que tratan con enfermedades y no con enfermos, se podría decir que hay docentes que tratan con contenidos y no con personas. Si a esto le añadimos que no todas las personas tienen el mismo estilo de aprendizaje, parece obvio que la exigencia de atender a la realidad de quien aprende es irrefutable. Y cuando hablamos de adultos con experiencia profesional es imprescindible un enfoque que los haga verdaderamente corresponsables de su aprendizaje. Algo muy distinto, por cierto, a creer que es de recibo exigir (en nombre del enfoque clientelar) una relación casi servil por parte de los servicios de todo tipo que se requieren en el marco de un centro educativo… o a creer que el cliente tiene la última palabra (sobre el contenido curricular o sobre la propia identidad del centro, por ejemplo).

Nada que decir por nuestra parte a todo lo anterior… excepto expresar nuestras dudas sobre si la mejor manera de plantearlo es introducir el lenguaje clientelar en la educación. A lo mejor sería suficiente si nos tomáramos en serio la pregunta sobre qué significa educar y de qué hablamos cuando hablamos de una persona educada. Porque hablar de clientes en educación arrastra inevitablemente la pregunta sobre el tipo de satisfacción que se les debe proporcionar. Y a veces educar consiste en generar una cierta insatisfacción: porque no se propicia ni facilita el dar por obvio lo que hasta el momento se ha dado por obvio; porque no siempre es fácil ni cómodo replantearse los propios supuestos y asunciones; porque para transformar las maneras de pensar, actuar o sentir a veces hay que trabajar intensamente dimensiones que no tienen un impacto instrumental y útil inmediato; porque a veces para aprender hay que desaprender, y liberarse de patrones mentales o de comportamiento… o simplemente porque en algunos aspectos la satisfacción viene con la perspectiva que da el paso del tiempo. En definitiva: hay casos en los que la satisfacción del cliente no refleja otra cosa que el fracaso del proceso educativo. Si en el contexto educativo ser –supuestamente- un cliente tiene poco que ver con serlo en el contexto de unos grandes almacenes o de una agencia de viajes, entonces hay que reajustar todo el proceso, empezando por cómo se comercializan los programas y las expectativas que se generan, que a menudo son el primer acto (des)educativo en el que se involucran las instituciones.

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Son tiempos difíciles, sin duda. Pero no son tiempos para quedar bloqueados en la queja, la frustración y la depresión. Son tiempos difíciles, repito. Pero por eso mismo son tiempos para tener coraje y empuje, e impulsar iniciativas que ayuden a avanzar y a transformar la realidad que nos ha tocado vivir.

Por eso es importante que se haya producido una iniciativa como #arajovesempresaris. Una lectura superficial podría ser reduccionista: la generación de empresarios entre 30 y 45 años constata la falta de presencia de miembros de su generación en las asociaciones, instituciones y foros empresariales. Y piden poder estar presentes.

Sólo este hecho ya es bastante relevante. Parece descabellado perder la energía y las capacidades de una generación. Pero lo que considero más relevante no es la mera reivindicación generacional. Es más: soy escéptico ante este tipo de reivindicaciones. Lo que me parece relevante es la expresión de una voluntad de compromiso y una orientación a actuar desde el mundo empresarial más allá de la mera defensa de los intereses profesionales corporativos. La referencia, en buena parte, es la constatación de la transformación social que necesitamos y la contribución que se puede hacer desde la empresa ella. No basta, desde mi punto de vista, con la renovación (ni con la renovación por la renovación) a pesar de ser esto algo importante. Lo que realmente vale la pena es la voluntad de compromiso cívico más allá de los intereses profesionales corporativos, orientado a hacer aportaciones sustantivas al país, a partir de la propia realidad, en este caso empresarial. Porque hay dos cosas que no hay que confundir: una cosa es que esté bloqueada la renovación, y otra es que los jóvenes sean renovación por el hecho de ser jóvenes. La cronología...

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¿Necesitamos individuos y organizaciones emprendedores o países emprendedores? El interés por la emprendeduría en la teoría económica o en la psicología fue tardío pero al final decisivo porque hoy sabemos que los emprendedores son los que tienen una visión innovadora capaz de transformar la economía. Crear algo propio, realizar nuestras ideas y proyectos, desarrollar una oportunidad a veces a pesar de la escasez de recursos, forma parte del pequeño milagro impulsado por los emprendedores. Por este motivo, expertos como H. Stevenson, profesor en Harvard, han estudiado el liderazgo emprendedor caracterizándolo como un estilo directivo particular, y han intentado trasladarlo a la formación de personas y empresas. Las escuelas de negocios de más prestigio del mundo incorporan hoy programas y cursos para fomentar el espíritu emprendedor. Y la mayor parte de gobiernos desarrollan políticas que favorezcan la innovación y la creación de empresas. Sin embargo, hay países que no han conseguido hacer crecer el emprendimiento. Los parques empresariales de Dubai, por ejemplo, tienen un puerto libre de impuestos, una legislación que favorece la plena liberalización del comercio y una elevadísima capacidad de atracción de empresas de todo el mundo. Esto hace de este país un importante centro de negocios mundial pero no un país emprendedor. Los centros de I + D de las empresas que hacen negocios en Dubai, permanecen en sus países de origen. Dubai ofrece un lugar más barato para hacer transacciones, pero no tiene clústeres innovadores. Los residentes extranjeros van a ganar dinero, están allá transitoriamente y luego retornan a su país de origen y allí siguen innovando. Peor aún es la situación del resto de países árabes donde la iniciativa empresarial y la innovación son prácticamente inexistentes. La traducción de libros es mínima, el número de patentes registradas prácticamente nulo,...

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Por una vez, y sin que sirva de precedente, hago publicidad.

Ha nacido Lidercat, el blog de la Cátedra de Liderazgos de Esade. Su razón de ser la expresa claramente Àngel Castiñeira en la presentación: "Aquí encontrareis todo tipo de reflexiones y materiales sobre los estudios, las lecturas y los debates del equipo de la Cátedra en relación con la función, el ejercicio y la formación del liderazgo. Espero que nos acompañéis en esta nueva aventura y que los contenidos del blog os sean de utilidad".

Desde nuestro punto de vista, lo que justifica la existencia de la Cátedra es la conciencia de que en las sociedades contemporáneas la cohesión social y el logro del bienestar y el progreso se relacionan con la solidez de las instituciones y la articulación armónica de las relaciones entre los diversos actores que protagonizan la acción colectiva: las empresas, los gobiernos, las organizaciones y los movimientos sociales. Ahora bien, a todo lo anterior hay que añadir también que el buen funcionamiento de estos actores e instituciones depende, en gran medida, de la calidad de los directivos, de la visión personal y de la capacidad de generar proyectos que entusiasmen y la capacidad de llevarlos a cabo. Por ello consideramos fundamental analizar las características del liderazgo en la sociedad actual y las condiciones que se deben promover para que surjan directivos con capacidad de visión y de movilización.

En este sentido, consideramos imprescindible observar las características específicas de tres tipos de liderazgos: el liderazgo empresarial, el liderazgo público (político e institucional) y el liderazgo social, con sus similitudes y diferencias en competencias, valores, etc. Hay que analizar y potenciar los caminos de relación y articulación entre estos tres tipos de liderazgos. Hay que valorar las instituciones y las reglas del juego como marcos de interacción entre los diversos tipos de liderazgos, y subrayar el papel de la calidad de esta interacción en la fortalecimiento de las instituciones. También hay que darse cuenta de la manera como los líderes comparten la reflexión sobre el tipo de sociedad que queremos construir y los valores con los que están comprometidos.

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A propósito de un estudio que estoy llevando a cabo, he leído un interesante informe –encargado por una institución USA de referencia en la formación de directivos, no por intelectuales marginales- que plantea cuales son los principales retos que deben afrontar las escuelas de negocios. Aborda diversos apartados (curriculum, alumnado, profesorado, investigación, docencia, relaciones…) y en todos ellos sigue la misma pauta: qué ha ocurrido en los últimos 25 años, cual es el estado de la cuestión (resultado de un amplio conjunto de encuestas, entrevistas y visitas), qué cambios se han producido en la sociedad, y qué es lo que las escuelas de negocios deberían tomar en consideración como resultado de todo ello.

El informe es extenso y muy completo y, por tanto, de imposible resumen. Por consiguiente, me voy a limitar a recoger algunos aspectos que señala en relación con algunos temas que a mi me parecen especialmente relevantes y me interesan más directamente. Pero que considero que tienen valor en si mismos, y porque además el informe indica que son claves para definir el futuro de las escuelas de negocios.

La educación que ofrecen las escuelas de negocios tiene el riesgo de ser excesivamente técnica, cuantitativa y analítica. Con lo que la aproximación que fomentan a la empresa puede ser demasiado unidimensional y enfocada solamente a dar prioridad a estos aspectos. La consideración de las dimensiones personales y relacionales de la gestión está minimizada o es poco relevante.

Aunque en las escuelas se habla de cambio y de adaptación a las nuevas realidades, el ambiente que se respira en muchas de ellas y entre sus responsables es de una cierta autosatisfacción y poca percepción de que sean necesarios cambios sustantivos y sistémicos.

Cuando se plantean cuestiones empresariales en la formación no se suelen integrar las dimensiones éticas de las...

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Podríamos comparar la situación actual de España y Argentina con una anécdota apócrifa de la Primera Guerra Mundial. Un puesto militar alemán escribe un telegrama a sus aliados austríacos: "Aquí la situación es seria, pero no catastrófica". La respuesta austríaca dice: "Aquí la situación es catastrófica, pero no seria". Habituados a vivir en medio de la catástrofe, los argentinos se han acostumbrado a no tomarse la vida demasiado en serio. Hagamos un breve repaso del país.

Argentina ha padecido procesos continuados de involución e inestabilidad política con un protagonismo acentuado de caudillos militares o políticos, oscilando entre ideologías progolpistas o revolucionarias. De 1900 al 1983 Argentina ha tenido 24 gobiernos ilegales y 14 golpes de Estado exitosos, lo que equivale a 22 años de gobiernos militares y a 12 años de gobiernos de legalidad dudosa. A pesar del nuevo proceso democrático de las últimas décadas, la cultura de los liderazgos caudillistas o de presidencialismos autoritarios con vocación hegemónica se ha mantenido (Yrigoyen 8 años, Perón 11 años, Alfonsín 5 años, Menem 10 años, y Néstor y Cristina Kirchner 8 años), debilitando el sistema de partidos, mermando la calidad de la administración pública y de los cuadros de gobierno, dañando el buen funcionamiento constitucional de las instituciones republicanas y federales y favoreciendo una cultura ciudadana demandante de proteccionismo extremo. A ello se añade el estancamiento de su integración regional al Mercosur, el mantenimiento de conflictos permanentes con otros países y un nivel de corrupción que la sitúa, según Transparencia Internacional, en el número 100 de un total de 182 países.

El actual gobierno promueve una economía subsidiada, semicerrada, orientada a la sustitución de importaciones (con claro sesgo antiagropecuario) y antiexportadora, caracterizada por una alta inflación...

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Estamos inmersos en todo el mundo en un gran debate sobre la razón de ser de las Business Schools (BS) y su contribución a las empresas y a la sociedad. Pero en este debate, de hecho, se dan dos debates superpuestos. En primer lugar, el debate sobre las BS como tales, si realmente están al servicio de la mejora de las organizaciones, o si más bien están al servicio de una lógica académica y corporativa cerrada en sí misma. En segundo lugar, hasta qué punto son co-responsables de la falta de responsabilidad social (RSE) que se ha exhibido en los últimos años en determinadas prácticas empresariales. Desde mi punto de vista, el principal error ante estos dos debates es creer que son sólo debates sobre curriculums (que también lo son, sin duda). Pero no son sólo debates sobre curriculums para que, en último término, lo que está en juego es un reto de identidad, de las BS en general y de cada una de ellas en particular. Ahora que los rankings han puesto las BS en fila india, conviene empezar a plantearse si a todo lo que puede aspirar una BS es a hacer lo mismo que hacen todas pero cada una intentando hacerlo mejor que las demás. En las BS cada vez parece más clara y es mayor la tensión entre tener como referencia la misión o tener como referencia los rankings... pero, si hablamos de business education, de un ranking nunca puede salir un proyecto educativo.

Ahora bien, si se trata de un reto de identidad, ¿como se puede plantear este reto? Toda identidad tiene dos dimensiones, hacia dentro y hacia fuera del sujeto: cómo me afirmo y cómo me proyecto, qué lugar ocupo y como me reconocen. Las dos dimensiones son necesarias, pero también es necesario un punto de equilibrio, y no someter una dimensión a otra. La preocupación por la identidad siempre ha sido relevante en ciertas BS. Pero ha menudeado una deriva a reducir la identidad a dimensiones internas, a través de declaraciones,...

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La RSE y la sostenibilidad hoy corren el riesgo de quedar atrapadas en su agenda, en la multitud de temas que cubren. Esto no es malo ni despreciable, sino todo lo contrario. Buena parte de su impacto en la gestión empresarial pasa por desarrollar y seguir desarrollando herramientas prácticas para afinar el tratamiento de todos estos temas. Desde la rendición de cuentas hasta la filantropía, desde el voluntariado corporativo hasta la conciliación, desde la gestión ambiental hasta los requerimientos a la cadena de proveedores, desde las políticas de derechos humanos hasta las políticas de incentivos y los criterios de las carreras profesionales; desde ... dejémoslo aquí. Porque al final lo que va resultando cada vez más evidente es que se pueden hacer cambios -y cambios significativos- en muchos de estos ámbitos sin modificar ni un milímetro la mentalidad empresarial, la visión de la empresa y el marco de referencia desde el que se establecen sus prioridades. Dicho de otro modo, es posible una política empresarial que habla de RSE y sostenibilidad que no sea en el fondo más que una agenda adaptada a las nuevas demandas sociales, pero gestionada desde una mentalidad empresarial absolutamente convencional. Por eso el debate de fondo pendiente, a veces bloqueado por la misma retórica de la RSE y la sostenibilidad, es el debate sobre el propósito de la empresa, al servicio de quién está, cuál es su contribución, como se gobierna, como asume los retos que tiene planteados la sociedad y cómo responde. Ya no se trata sólo de cuáles son los impactos y las prácticas empresariales. Se trata de cuál es el lugar y la contribución de la empresa en la nueva sociedad emergente. Que no podrá emerger sin las empresas. Pero que tampoco podrá emerger según cuál sea el modelo de empresa dominante y triunfador.

Por...

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Los planteamientos sobre el liderazgo tienen características cada vez más cualitativas. Me parece muy bien. Y en este contexto ha emergido una cierta atención a la espiritualidad. En seminarios, programas de formación o procesos de coaching cada vez se hace un mayor uso de métodos, prácticas y terminologías provenientes de diversas tradiciones espirituales (meditación, silenciamiento, presencia, conciencia lúcida, distanciamiento, etc.).

Debo confesar que cuando oigo o leo determinada retórica "espiritual" en el contexto de la formación de directivos me viene a menudo a la memoria la frase de aquel diputado de la difunta UCD cuando dijo "cuerpo a tierra que vienen los nuestros". No cabe duda de que si esta retórica es bien recibida es porque se detecta un problema grave y creciente, y se identifica una necesidad. La vida empresarial y la función directiva hoy están sometidas a unos niveles de presión, exigencia e incertidumbre que resultan difíciles de soportar y de integrar. La complejidad de las relaciones y las tecnologías es también creciente. La obsolescencia de los enfoques tradicionales del management basados en el binomio jerarquía-control se pone de manifiesto día tras día, y gestionar equipos no requiere solamente determinadas habilidades, sino alcanzar una determinada manera de proceder, que siempre es el reflejo de una manera de ser. Los puntos de anclaje vital son móviles, pierden solidez, no son necesariamente compartidos con quienes se comparte la actividad profesional, y los discursos institucionalizados (morales, ideológicos o religiosos) difícilmente pueden ejercer esta función. Todo ello desemboca en la necesidad que tienen las personas de apoyo y referencias para no perderse a sí mismas y echar a perder a las demás en el ejercicio de sus responsabilidades. Quien requiere apoyo es la persona, no el directivo… pero por razones de trabajo, no meramente personales. Recordemos un informe de Aspen Institute: "el directivo del futuro deberá conocer su trabajo tan bien como a si mismo". ¿Sólo el del futuro?

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Vivimos en plena apología de la innovación y el cambio. No es solo que sean algo políticamente correcto, sino que forman parte del horizonte más allá del cual no se puede pensar nada. Son términos que suelen arrastar una connotación positiva previa a cualquier consideración crítica sobre lo que se está planteando o sobre lo que está ocurriendo en nombre de la innovación y el cambio.

Esto es algo que se hace evidente a cualquiera que siga mínimamente el debate actual sobre el papel de las humanidades en la formación de profesionales y en la universidad, debate del que forma parte destacada el libro de A.T. Kronman Education’s End. Why Our Colleges and Universities Have Given Up on the Meaning of Life, cuyo título plantea directamente la cuestión de fondo. Una cuestión que se sitúa más allá de la consabida educación moral y del debate sobre el lugar de la ética en la formación universitaria, y aborda directamente la provocativa cuestión sobre el lugar de las humanidades en la formación de profesionales y, por extensión, en las escuelas de negocios.

Ya hace bastantes años que Schön planteó la necesidad de formar profesionales reflexivos. Hoy esto nos parece una obviedad: formar meros técnicos reproductores de lo existente es formar para el pasado, y no para el futuro. Però Schön se olvidó plantear algo fundamental: sobre qué han de reflexionar los profesionales reflexivos. Creo que se olvidó porque, como nos ocurre a todos tantas veces, lo daba por supuesto: los profesionales reflexivos han de ser capaces de reflexionar sobre su práctica profesional. Y creo que se olvidó de que hace falta algo más. O, para evitar el anacronismo de leer a Schön desde nuestros problemas de actuales, hoy nos hace falta algo más. En mi opinión, cuando hoy decimos que necesitamos formar profesionales reflexivos , hemos de tener en cuenta tres dimensiones: la capacidad de reflexionar...

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