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Josep M. Lozano

josepm.lozano@esade.edu
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Fax: +34 932 048 105
Av.Pedralbes, 60-62
E-08034 Barcelona


Twitter - Josep M. Lozano

 

Persona, Empresa y Sociedad
El blog de Josep M. Lozano  
   
Author: Josep M. Lozano Created: 16/10/2008 11:45
Persona, Empresa y Sociedad - el blog de Josep Maria Lozano

(Escrito con ocasión del quinto aniversario de Diario Responsable)

…habría que inventarlo, como suele decirse. Cuando alguien haga la historia de la RSE en España (esperemos que no sea una necrológica) no podrá hacerla sin dedicar un capítulo significativo a Diario Responsable (DR), y a todos los que tras él han impulsado iniciativas relevantes de información en el ámbito de la RSE.

Ahora bien, la existencia y el recorrido que ha seguido DR no es solo una contribución de primer orden al desarrollo de la RSE, sino que sus fortalezas y sus debilidades no son más que el reflejo de la potencialidad y, a la vez, las contradicciones del desarrollo de la propia RSE. Y creo que este es un buen momento para tomarlas en consideración.

La RSE necesita una mentalidad de ágora. Y, consiguientemente, necesita espacios que lo sean. Sin espacios de encuentro las personas que se dedican a la RSE tienen un riesgo altísimo de encontrarse relativamente aisladas en sus organizaciones, sean del tipo que sean. En RSE no se puede copiar, pero se puede aprender; y mucho. Y para aprender necesitamos espacios en los que no predomine lo políticamente correcto, sino espacios en los que sea posible dialogar (lo que incluye cuestionar y criticar) y compartir información. Estar al servicio de esta actitud y crear las condiciones para ella es quizás la máxima contribución de DR. Y, por lo menos, es un espejo que nos refleja a todos y, por supuesto, refleja la calidad del diálogo que mantenemos y de la información que compartimos. Calidad que se ha incrementado con los años, pero a la que todavía le queda bastante recorrido. Porque un ágora no es un simple contenedor de discursos e informaciones, sino un espacio en el que se construye un discurso compartido o, al menos, un marco de referencia compartido. En este sentido, sería una investigación interesante recorrer retrospectivamente...

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Bueno, es decir: acabar con la pesadez de discutir si es voluntaria o no. Es la reacción que me suscité hace unos días un encuentro que tuvo lugar en la CEOE. En dicho encuentro se plantearon cuestiones realmente interesantes sobre las que convendría profundizar. Pero volvió a aparecer la cantinela de la voluntariedad.

Vaya por delante que entiendo perfectamente la dificultad a la que se refiere. Pero considero que es una dificultad aparente resultado de, simplemente, un mal planteamiento de la cuestión. O al menos así me lo parece. Un mal planteamiento que considero que todos nos iría bien liquidar, pero esto no deja de ser un inútil deseo personal. En cualquier caso, un mal planteamiento que responde a tres errores de enfoque, que quisiera apuntar a continuación.

En primer lugar lo que yo denomino el platonismo de la RSE. Siempre me ha fascinado constatar cómo personas y entidades supuestamente pragmáticas y realistas, cuando se trata de hablar de valores, adoptan un enfoque y piensan desde un paradigma decididamente platónicos. En este caso, se sigue hablando de la RSE como si fuera una idea pura preexistente, que solo requiere debatir sobre cómo aplicarla. Por supuesto, por seguir con el símil platónico, nadie ve ni recuerda con claridad dicha idea pura, de ahí tantos debates al respecto, pero que paradójicamente tienen en común la creencia de que existe un contenido establecido de lo que es y no es la RSE, y de ahí la discusión de cómo llevarla a la concreción y por qué vías. Me pregunto si la solución consiste en seguir debatiendo o en dejar de lado este platonismo casero.

Hay diversas vías para hacerlo, y éste es el segundo punto que quería plantear. Para hacerlo más paradójico, usaré como camino de salida las palabras de quien ha sido el mayor culpable del debate sobre la voluntariedad: la Comisión Europea. No repetiré aquí la primera definición...

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Marjorie Kelly insiste desde hace tiempo en un término que, más allá de su mayor o menor precisión, es sumamente gráfico y expresivo: las empresas extractivas, a las que contrapone las empresas generativas.

Hablar de empresas extractivas no es, desde mi punto de vista, una descripción sino una metáfora. No se refiere a las empresas de determinados sectores, sino que es una calificación que puede aplicarse a cualquier empresa, en función de cómo actúe y de cómo oriente su gestión. Desde esta perspectiva, serán extractivas todas las empresas cuya finalidad –absolutizada- de hecho sea extraer el máximo de recursos y, al fin y al cabo, de dinero de aquellos con los que se relaciona. El sector financiero, pues, en los últimos años ha sido una auténtica apoteosis de empresas extractivas, pero la metáfora no es exclusiva de ningún sector. Consiguientemente, el problema y el riesgo para el sistema y para las sociedades, no son "las empresas", "los beneficios", "los incentivos" o "los bancos", sino la mentalidad extractiva cuando se hace presente en cualquiera de ellos. Y, por supuesto, el reto de la salida de la crisis no es que ahora se hayan reducido las posibilidades extractivas y estemos explorando cuándo y cómo podemos volver a ellas. El reto es acabar con la mentalidad y las prácticas extractivas.

Con mayor o menor fortuna, Kelly contrapone a las empresas extractivas las empresas generativas. Empresas, también, con beneficios e incentivos, pero cuya finalidad se orienta a generar más vida (económica, social, relacional, productiva…). Mi opinión personal es que esta contraposición entre lo que Kelly denomina empresas extractivas y generativas conecta con una confusión muy arraigada en el mundo organizativo: la confusión entre objetivos...

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Ya se ha convertido en "normal" tener abierto el móvil en las reuniones y/o las conversaciones o entrevistas, sin ni siquiera silenciarlo.

Ya se ha convertido en "normal" contestar a las llamadas de móvil en medio de una reunión y/o durante una conversación, a menudo sin ni salir de la sala. A veces lo hace incluso la persona que está hablando en el momento que la llaman, y deja colgado a todo el mundo (menos a quien le ha hecho la llamada, claro está).

Ya se ha convertido en "normal" llamar o recibir llamadas durante las reuniones tapándose la boca con la otra mano, como si alguien tuviera el más mínimo interés en leer los labios de quien habla.

Ya se ha convertido en "normal" consultar y contestar el correo electrónico durante las reuniones.

Ya se ha convertido en "normal" teclear en el móvil durante las reuniones, sea correo, sms, twitter o whatsapp.

Ya se ha convertido en "normal" que cuando alguien descuelga el móvil el interlocutor se ponga a hablar sin preguntarle a quién descuelga se le va bien hablar en ese momento, y sin que quien descuelga pregunte -si está en medio de una conversación- al otro si le molesta que responda a la llamada.

Ya se ha convertido en "normal" que la gente se queje si no le respondes inmediatamente a una llamada.

Ya se ha convertido en "normal" tener que escuchar conversaciones privadas (íntimas o profesionales) con un volumen de voz que casi haría innecesario el móvil en lugares públicos, que pueden ir desde el metro hasta el ave.

La pregunta es: ¿debemos considerar inexorable e irreversible esta "normalidad"? Dicho con otras palabras: ¿tiene sentido hablar en este contexto de urbanidad y buena educación? No en vano de urbs (ciudad) deriva...

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Hoy corre el rumor de que "todos los políticos son iguales". Una visión superficial de esta afirmación viene a decir que todos se mueven en componendas o en luchas por el poder puro y simple, que las cuestiones básicas se resuelven al margen de la sociedad (y al margen de la mayoría de políticos) y que el Parlamento sólo viene a ser el teatro en el que se escenifican. Ya un autor tan poco sospechoso como R. Milliband recogía el dicho de que "se parecen más dos diputados, uno de los cuales es comunista, que dos comunistas, uno de los cuales es diputado". En definitiva, la política se ha convertido en una misa en latín (ahora que el latín vuelve a ser noticia), y concelebrada de espaldas al público. A mí me parece que esta impresión tiene fundamento, pero que es inexacta, que todavía hay calidades diversas en todo el espectro de nuestra vida política, especialmente en lo que atañe a honestidad y coherencia moral. Si cuando dicen "todos los políticos" le pidiéramos a la gente la lista de los que tiene en la cabeza al decir esto, ¿cuántos saldrían? ¿40? ¿140? Me da igual. ¿Y los miles que están en política por convicción, ganas de contribuir a la sociedad y en base a determinados ideales? ¿Tenemos derecho a ser tan injustos con ellos ya menospreciarlos de esta manera? ¿Qué precio pagaremos colectivamente por este disparate?

En cambio, la afirmación de que todos son iguales apunta a otra cuestión. Se diría que la dinámica política hace -más allá de muchas voluntades individuales- que los políticos parezcan tener como objetivo el Estado o la administración, mientras los ciudadanos, en cambio, aspiran a mejorar o a hacer más llevadera su vida cotidiana. Ante este hecho, los partidos aparecen cada vez más como simples gestores (mejores o peores), como instrumentos incapaces, por sí mismos, de ser los portadores razonables de alguna esperanza de transformación social.

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La revista Valors ha llegado al número 100 y para celebrarlo publicará un libro de entrevistas, junto con Editorial Proteus, en el que se reflexiona sobre el éxito y la ética. Es una excelente iniciativa. El volumen apunta la tesis de que tener valores, actuar con una cierta ética, no tiene por qué estar reñido con lograr el éxito en los proyectos que uno intenta alcanzar; es decir, tener valores también puede conducir al éxito. Entre los entrevistados que figurarán en el libro hay personalidades destacadas como el ex político Federico Mayor Zaragoza, la modelo Judith Mascó, el periodista Iñaki Gabilondo, la ilustradora Roser Capdevila, la escritora Ana María Matute, el empresario Pablo García-Milà , el cocinero Joan Roca o el publicitario Lluís Bassat, entre otros. Todas ellas, personas que han conocido el éxito.

Con la excusa de este futuro libro, queremos aportar un par de reflexiones sobre el tema que tratará. Hay dos tesis que creemos que sirven de delantal a este proyecto.

Valores éticos y éxito no son incompatibles. Está bien recordarlo en los tiempos actuales donde parece que el éxito es inseparable del dopaje (en el deporte), de la accesibilidad a los gobiernos o a personas influyentes (por parte de determinadas empresas), de las trampas o la opacidad fiscal (por parte de algunos profesionales) o de la corrupción, la mentira y el espionaje (en la política). Si Diógenes apareciera hoy con un farol en medio de la Plaza Catalunya buscando hombres/mujeres virtuosos creemos que, sin duda, los encontraría. Lo extraordinario, sin embargo, radica en el hecho de tener que recordar hoy lo que debería formar parte desde hace siglos de un proyecto civilizatorio. La tesis a recordar, pues, debería ser la contraria: la manera...

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En la serie Los Borja que emitía TV3 uno de los personajes le comenta a otro que entre la muerte de un papa y la elección del siguiente se producía "un vacío de liderazgo". Esto es lo que ocurre cuando proyectamos en el pasado nuestras concepciones: que no resulta creíble oír aquella gente hablar de liderazgo. Pero esto no quiere decir que quien esté preocupado hoy por el liderazgo no se pueda acercar con provecho a los clásicos.

La antigua religión del maniqueísmo presentaba una división primordial del mundo entre dos principios, el Bien y el Mal, que a su vez dualizaban nuestras vidas. El maniqueísmo negaba la responsabilidad humana por los males cometidos, porque creía que no eran producto de la libre voluntad sino del dominio del principio del mal en nuestras vidas.

El maniqueísmo fue combatido por el cristianismo, pero la estructura básica de esta doctrina ha perdurado en nuestra cultura, la podemos ver patente en muchos guiones cinematográficos de Hollywood. En estas historias el bien lucha contra el mal y ambos son diferenciables, como dos posiciones extremas. Este esquema simple ha contribuido a fortalecer el supuesto de que los (líderes) buenos sólo pueden hacer el bien, y los (líderes) malos están condenados a hacer el mal, porque bondad y maldad dependen de principios diferentes.

La dinámica del liderazgo nos enseña que el mal no está ahí fuera, sino que todos tenemos nuestros demonios interiores. Luces y sombras, humildad y vanidad, sencillez y arrogancia son parejas de contrarios que nos acompañan en nuestra vida. La frontera entre el bien y el mal es difusa y solemos bordearla en muchas de nuestras decisiones y acciones.

George Lucas trasladó a la pantalla, a través de la...

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En una investigación realizada por Àngel Castiñeira se estudiaron las características del liderazgo social a partir de entrevistas en profundidad con líderes sociales a los que se pidió que hicieran el ejercicio de reconstruir su trayectoria vital.

Para los líderes sociales su labor tiene una importante componente axiológica y una orientación ética. Su actividad cotidiana tiene sentido porque remite a una causa noble, y esta se traduce desde un punto de vista muy genérico en la defensa de principios fundamentales y de valores que orientan e impregnan no solo las acciones individuales sino también a toda la organización. Cuando esto ocurre, cuando los principios y valores se convierten en el combustible que orienta la acción, el resultado puede ser formidable. Algo que a menudo se olvida, como a menudo se olvida que no todo se resuelve en las organizaciones a partir de un sistema de incentivos.

Principios y valores se convierten en combustible para la acción cuando no están presentes solo como grandes principios orientadores de la misión social de cada entidad o grupo sino también en la ejemplaridad de sus actores y líderes. Esto apunta, por un lado, a la cuestión de la ejemplaridad personal y a la conciencia de los valores que configuran la misión; pero, por otro lado, también es fundamental el compartir un mismo espíritu, una manera de hacer las cosas. Más allá del compromiso moral personal y misional, hay también la posibilidad de desarrollar una ética organizativa con efectos colectivos transformadores: "Cuando empiezas a hacer las cosas bien hechas, cuando quieres tratar a la gente bien, cuando quieres ser respetuoso, cuando quieres ser honesto ... el universo te acompaña y acabas haciéndolo bien. ¿Y qué les ocurre a los integrantes de estas organizaciones? Pues que son un poco más felices. La organización es la que cura", decía uno...

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"A consecuencia de los Hechos de Septiembre, Cataluña será muy diferente. Ya es muy diferente, porque antes no había emprendido ningún camino y ahora sí. Sabemos hacia dónde va, este camino, pero ni siquiera podremos decir dónde llegará o si las cosas se torcerán ", escribía hace poco Xavier Bru de Sala. En la víspera del 11S el objetivo fundamental de Artur Mas aún era el pacto fiscal. En el mensaje institucional de la Diada afirmaba: "No hay batalla más urgente ni reto más importante que la soberanía fiscal de nuestro país. Y más en estos momentos". El orden de prelación de las ideas del Presidente era éste: hemos empezado la transición nacional, ésta pasa por el derecho a decidir como pueblo y, el primer paso es el logro del pacto fiscal. Pero aún no había explicitado transición hacia dónde.

La manifestación del 11S, organizada por la ANC, traslada al Presidente un mensaje potente: hay una nación en pie que reclama un Estado para poder seguir progresando. Un mensaje potente pero que, quizás, no permitía saber con certeza el grado de adhesión / identificación de los que lo seguían.

La fuerza del soberanismo cívico y su tarea continuada parecían haber calado en la mayoría de espacios de la esfera pública: el mediático, el simbólico, el de las ideas y el de las movilizaciones en la calle, pero aún no era predominante en el el espacio institucional. El 11S marca, según Mas, un punto de inflexión en el proceso de transición nacional que empequeñece o desborda la meta del pacto fiscal y que le anima a dar un paso más allá. El recorrido frustrante de treinta años de Estado de las autonomías llega ahora a su fin. "Actuaremos en consecuencia y además con coherencia con este proceso de transición nacional que hemos empezado. Un proceso que liga estrechamente con lo que pasó ayer ". El "momento" de liderazgo del President Mas empieza aquí, cuando acoge como suyo...

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Aunque nunca habló de ella, por supuesto, Leibniz está más presente de lo que parece en el marco mental de la RSE. Y convendría, en primer lugar, detectar más explícitamente su presencia y, en segundo lugar, empezar a ofrecerle alguna puerta de salida.

Recordemos una de las aportaciones señeras del pensamiento de Leibniz. El universo está compuesto de infinidad de mónadas que parece que interactúan, pero cada una de ellas sigue su propia dinámica. Lo que resuelve también el inacabable problema de la relación entre alma y cuerpo: parece que intereactúan, pero solo lo parece. Lo que ocurre es que Dios, en su infinita sabiduría, ha dispuesto de una armonía preestablecida que permite que, aunque cada mónada va a su aire (por decirlo coloquialmente) al final parece que todo encaja y está entrelazado.

Pues esta es justamente una de las asunciones nunca explicitadas en el discurso desde y/o sobre la RSE: la armonía preestablecida (no en vano se habla del alma de algunas empresas, por cierto). La retórica pro RSE siempre ha sugerido –cuando no lo ha dicho explícitamente- que si se asumía su enfoque el resultado, aunque fuera a largo plazo, sería la armonía; llámesele multistakeholder, sostenibilidad, empresa-y-sociedad , shared value o como más le guste al proponente.

Esto es lo que, a mi modo de ver, explica que la RSE nunca haya pensado ni planteado la realidad del conflicto. Me temo que el conflicto es un tabú de la RSE porque parece dar por supuesta la creencia de que, si la RSE se desarrolla plenamente, los conflictos se desvanecerán. Como por definición se trata de tener en cuenta a todos los stakeholders, se da por supuesto que si esto se hace bien, al final todos contentos. No quisiera estar yo en la piel de aquellos directivos que, como nuevos Sísifos, deben empujar eternamente montaña arriba el diálogo con todos los grupos de interés.

Es exactamente...

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